A los cuarenta y sin amigas
A medida que uno crece va teniendo amigas de distintas capas geológicas. Están aquellas que conocimos en la infancia; las que fueron cómplices de aventuras varias en la adolescencia y la juventud; las que encontramos cuando ya tuvimos pareja estable y nos convertimos en madres. Y las de los 40.
Con estas mujeres no necesariamente compartimos grupos de pertenencia, una ideología política o gustos por la música. Pero son las que entienden nuestro momento y se transforman en verdaderas compañeras de ruta. Son las que están para hablar cuando nos asaltan las dudas sobre ese hombre que habíamos elegido para siempre. Cuando por primera vez nuestro hijo mayor llega a casa con alguna copa de más después de una larga noche. Y cuando el médico indica más estudios para ver qué es esa mancha que una placa detectó ahí, en el pecho.
A los 40 tenemos menos amigas que a los veinte, es cierto. Quedan las que sobrevivieron a las idas y vueltas de los años pasados. Pero también están las nuevas, con las que bastó una mirada para sentir que nos conocíamos de otra vida. Con ellas no hay viejos recuerdos, todo está por venir. Ya aprendimos que a las amigas hay que exigirles menos (nosotras no somos perfectas, ellas tampoco), que hay que valorarlas por sus talentos ocultos, y que cuando se equivocan hay que tratar de entenderlas con el corazón.
Ana B. estaba preparando su cumpleaños número 41. Quería tener un festejo íntimo, una reunión de chicas. Aunque se tomó su tiempo para pensar en sus invitadas, no llegó a sumar más de cinco. A una la disculpó de antemano porque vive lejos y es raro que se enganche con ese tipo de encuentros. A otra, porque jamás deja a los hijos y a su marido para salir de noche. Y hubo una más, a la que decidió no avisarle, porque si bien habían resuelto seguir adelante con la amistad, todavía había heridas frescas.
Gracias a esa sutil selección, Ana B. se dio cuenta de que lo que más le importaba en esta etapa de su vida, era saber que esas mujeres estaban cerca, que no es lo mismo que decir que estaban en forma incondicional. Que había un nosotras más bilateral, más de a dos. Y que de ninguna manera estaba dispuesta a perderlas.
¿Cómo son tus amigas a los 40? ¿Qué buscás de una amiga nueva?